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¿Por qué las dietas fallan? La verdad detrás de la pérdida de peso a largo plazo

Por qué las dietas casi nunca funcionan a largo plazo - Dr. Felipe Bernal - Criujano bariátrico en Bogotá

¿Te ha pasado que comienzas una dieta con toda la motivación del mundo, ves algunos resultados… pero al poco tiempo todo se desvanece y terminas sintiéndote peor que al inicio? Créeme que no eres la única persona a la que le pasa. Lo he visto una y otra vez en mi consulta en Bogotá o virtual con pacientes que están en otras ciudades: personas inteligentes, comprometidas, que han intentado de todo —desde dietas restrictivas hasta planes “milagrosos”— y aún así, el peso vuelve, junto con la frustración, la culpa y la sensación de haber fracasado.

Soy el Dr. Felipe Bernal, cirujano bariátrico en Bogotá, y si hay algo que tengo claro después de años acompañando a pacientes con obesidad, es esto: el problema no eres tú… el problema son las dietas.

En este blog quiero hablarte con total honestidad sobre por qué las dietas tradicionales no funcionan a largo plazo. No se trata de falta de fuerza de voluntad ni de disciplina. Hay razones médicas, emocionales y sociales detrás de este círculo vicioso. Y sí, también hay soluciones reales, sostenibles y más humanas que te pueden ayudar a recuperar tu salud sin sentirte en guerra con la comida ni contigo mismo.

Tabla de contenido

Cinco razones por las que las dietas no funcionan a largo plazo

A lo largo de mi carrera, he escuchado cientos de historias distintas, pero con un patrón en común: personas que hacen un esfuerzo enorme por seguir una dieta, logran bajar unos kilos, pero tarde o temprano terminan recuperando el peso… o incluso ganando más.

Y cuando eso pasa, no solo vuelve el peso: también regresa la culpa, la frustración y la sensación de “no servir para esto”.

Lo que muchas personas no saben —porque nadie se los ha explicado con claridad— es que hay mecanismos físicos, emocionales y sociales que hacen que la mayoría de las dietas estén prácticamente diseñadas para fallar con el tiempo.

A continuación, te comparto cinco razones clave que explican por qué las dietas tradicionales no funcionan a largo plazo y hasta pueden hacer más daño que bien.

1. El verdadero significado de “dieta” se ha perdido

Cuando alguien me dice “estoy a dieta”, casi siempre lo que me está contando es que está pasando hambre, que se está privando de cosas que disfruta o que está siguiendo un plan lleno de reglas estrictas.

Pero la palabra “dieta”, en su origen griego —díaita—, no significaba eso. No hablaba de restricciones ni prohibiciones. Significaba “modo de vida”, e incluía todo lo que contribuye al bienestar: alimentación, actividad física, descanso, salud mental, relaciones sociales. Era una visión integral del cuidado del cuerpo y la mente.

Con el tiempo, ese concepto se fue reduciendo hasta convertirse en lo que hoy conocemos: un plan alimentario rígido, generalmente temporal, enfocado en perder peso rápido, muchas veces sin considerar si es saludable o sostenible.

Ese cambio de significado no es solo una curiosidad lingüística. Es una de las raíces del problema. Porque cuando pensamos en “dieta” como castigo, como sacrificio, como algo que empieza y termina, ya estamos partiendo desde un lugar que no promueve el bienestar real. En lugar de construir hábitos, entramos en un ciclo de todo o nada, donde cada “fallo” se vive como una derrota personal.

Y así es muy difícil avanzar.

2. La rigidez de las dietas modernas

Uno de los grandes problemas de las dietas que vemos hoy en día es su rigidez extrema. Te imponen reglas estrictas, listas interminables de alimentos “prohibidos” y horarios que no se ajustan a la realidad de la mayoría de las personas.

Reglas estrictas y alimentos “prohibidos” en las dietas

Cuando te dicen que no puedes comer pan, arroz, frutas, o que solo puedes comer a ciertas horas del día, es muy fácil entrar en una dinámica de ansiedad y culpa.
¿Por qué? Porque el cerebro humano no responde bien a las prohibiciones absolutas. Mientras más se restringe un alimento, más atractivo se vuelve. No es falta de fuerza de voluntad, es biología y psicología básica.

Entonces, comes algo “prohibido” y sientes que fallaste. Aparece la culpa, y muchas veces eso lleva a comer más, como una forma de consuelo. Así, el ciclo se repite. Muchas personas terminan abandonando la dieta sintiéndose fracasadas, cuando en realidad lo que falló fue el enfoque.

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Baja adherencia con el tiempo

Y aunque logres seguir las reglas al pie de la letra por un tiempo, mantener esa disciplina por meses o años es muy difícil.
La mayoría de estas dietas son poco prácticas en el día a día: recetas complicadas, ingredientes costosos, horarios inflexibles. Además, te aíslan socialmente: rechazar comidas familiares, sentirte fuera de lugar en una reunión, o simplemente no disfrutar de la comida con otros… todo eso pesa.

Con el tiempo, la motivación inicial se va desinflando. La dieta deja de ser sostenible, y muchas personas vuelven a sus antiguos hábitos. No porque no quieran cuidarse, sino porque el plan nunca estuvo diseñado para funcionar a largo plazo.

3. Efectos psicológicos negativos

Cuando una dieta no funciona, no solo hay un impacto físico o en el peso. Muchas veces, el daño más profundo es emocional.

Culpa, frustración y sensación de “fracaso”

He escuchado a muchos pacientes decirme cosas como: “yo sé que tengo que poner más de mi parte”, “es que no tengo fuerza de voluntad”, o “siempre arruino todo”. Y me duele escucharlo, porque esas frases cargan con mucha culpa injustificada.
Las recaídas en una dieta —comerse un postre, saltarse una comida “permitida”, o simplemente cansarse de tanta rigidez— se viven como fracasos personales. Y eso afecta directamente la autoestima. Poco a poco, la persona deja de confiar en sí misma, se convence de que no es capaz… cuando en realidad es el sistema el que está mal planteado.

Comer emocional: un vacío que la dieta no llena

Otra realidad que rara vez se aborda en las dietas tradicionales es la relación emocional con la comida.
Muchas veces no comemos solo por hambre física: comemos por ansiedad, por tristeza, por estrés, por costumbre o por necesidad de consuelo. Y si una dieta no te ayuda a entender y manejar eso, lo más probable es que vuelvas a caer en los mismos patrones cuando la motivación inicial se acabe.
La comida no es solo nutrición, también es emoción, historia, cultura y consuelo. Ignorar eso es como tratar de curar una herida solo con una curita.

Insatisfacción corporal constante

A esto se suma la presión social. Vivimos en una cultura que nos bombardea con estándares de belleza irreales: cuerpos “perfectos” en redes sociales, modelos con filtros, ideales inalcanzables.
Cuando el peso no baja tan rápido como se espera, o el cuerpo no se ve como en las fotos, aparece la frustración, el autoboicot y, muchas veces, el abandono total del proceso.
Y es ahí donde muchas personas entran en un ciclo peligroso: dieta, culpa, abandono, frustración… y vuelta a empezar.

4. Consecuencias metabólicas

Muchas personas creen que si comen menos, van a bajar más rápido de peso. Y aunque eso puede funcionar al principio, nuestro cuerpo no funciona como una simple calculadora. Hay mecanismos de defensa que se activan cuando siente que está en “modo escasez”, y eso puede jugar en contra.

Adaptación del cuerpo: un metabolismo más lento

Cuando sometemos al cuerpo a una reducción calórica prolongada —es decir, cuando comemos mucho menos de lo que necesita—, el metabolismo comienza a ajustarse para sobrevivir.

Esto significa que el cuerpo aprende a hacer más con menos. Disminuye la quema de calorías en reposo, reduce la energía que usa para funciones básicas como respirar o digerir, e incluso empieza a utilizar el músculo como fuente de energía.
¿El resultado? La pérdida de peso se estanca, incluso si la dieta sigue siendo muy estricta. Y lo que es peor: quedamos con un metabolismo más lento que antes.

El famoso “efecto rebote”

Ahora bien, cuando la persona se cansa de la dieta —porque es insostenible, monótona o emocionalmente agotadora— y vuelve a comer como antes, ese metabolismo que ya está más lento no se ajusta de inmediato.

El cuerpo, que ha estado en modo ahorro, ahora almacena con más facilidad lo que recibe. ¿Y qué pasa? El peso vuelve… muchas veces más rápido y en mayor cantidad que antes. A esto se le llama efecto rebote, y no es una exageración: es una realidad que afecta a muchísimas personas.

Y lo más injusto es que, después de todo ese esfuerzo, sacrificios y frustraciones, terminamos no solo recuperando el peso, sino también acumulando una sensación más profunda de derrota.

Etapa Qué ocurre en el cuerpo y la mente Consecuencias comunes
Inicio de la dieta Reducción brusca de calorías. Pérdida rápida de peso, principalmente agua y masa muscular. Motivación inicial alta. Sensación de éxito.
Adaptación metabólica El cuerpo detecta escasez y reduce su metabolismo basal para conservar energía. Se estanca la pérdida de peso. Aumenta el cansancio y la ansiedad.
Cansancio y abandono La dieta se vuelve insostenible por hambre, fatiga o impacto emocional/social. Se rompe la dieta. Aparece culpa y frustración.
Reintroducción de alimentos El cuerpo, aún en modo ahorro, almacena más calorías en forma de grasa. Aumento rápido de peso. Recuperación del peso perdido (o más).
Ciclo repetitivo La persona intenta otra dieta, repitiendo el patrón. Efecto rebote. Daño en la autoestima. Relación dañada con la comida.

¿Por qué ocurre?
El cuerpo interpreta las dietas estrictas como una amenaza y activa mecanismos de supervivencia. Esto, sumado a la carga emocional de las restricciones, hace que el peso perdido vuelva con facilidad... y que cada intento sea más difícil que el anterior.

5. Un enfoque comercial, no médico

Este es un punto que me parece importante decir sin rodeos: la mayoría de las dietas populares no están diseñadas para ayudarte a sanar ni a mantener un peso saludable a largo plazo. Están diseñadas para vender.

Dietas y productos con fines de lucro

La industria del adelgazamiento mueve miles de millones de dólares al año. Programas, batidos, pastillas, libros, aplicaciones, retos de 30 días… todo empaquetado con promesas rápidas y resultados mágicos.
El problema es que lo que se busca no es tu salud, sino tu consumo constante. Si una dieta funcionara de verdad, no necesitarías empezar una nueva cada tres o seis meses.

He tenido pacientes que han gastado cantidades enormes de dinero probando productos sin base científica, sin supervisión médica y, peor aún, sin resultados reales. Y eso no solo afecta el bolsillo: afecta la esperanza.

Promoción de la insatisfacción corporal

Parte de esta estrategia comercial se basa en hacernos sentir que nunca es suficiente. Que siempre hay algo por “mejorar”: bajar otro kilo, tonificar más, eliminar “imperfecciones”.
Y cuando todo el tiempo te están recordando que no encajas en un modelo idealizado, es muy fácil caer en una relación conflictiva con tu cuerpo y con la comida.

La salud no debería medirse en tallas ni en likes, pero eso es lo que muchas industrias venden, alimentando inseguridades para mantenerte comprando.

Soluciones genéricas que no consideran a la persona

Otro gran error del enfoque comercial es que ofrece planes “para todos”, como si todos tuviéramos el mismo cuerpo, la misma historia y los mismos desafíos.
Pero la verdad es que cada persona es distinta: hay factores genéticos, hormonales, emocionales y sociales que influyen en el peso. Lo que funciona para uno, puede ser totalmente inefectivo —o incluso perjudicial— para otro.

La medicina de verdad no se basa en tendencias ni en “lo que está de moda”. Se basa en escuchar, evaluar y personalizar el tratamiento según las necesidades reales de cada paciente.

6. Riesgos reales para la salud

Muchas veces, cuando se habla de dietas, se piensa solo en los resultados visibles: cuántos kilos se bajan, en cuánto tiempo. Pero lo que no siempre se dice —y que como médico me parece fundamental señalar— es que las dietas restrictivas pueden tener consecuencias serias para tu salud física.

Muchas veces se olvida que la obesidad no es solo una cuestión de apariencia, sino una enfermedad con múltiples implicaciones médicas. Como se plantea en un estudio publicado en Sanidad Militar, “la obesidad se conforma por tanto como una enfermedad previsible, derivada de la inactividad física y de una mala alimentación, que se traduce en el desarrollo a largo plazo de complicaciones crónicas de carácter fundamentalmente cardiovascular y metabólico” (Plaza-Torres, Martínez-Sánchez & Navarro-Suay, 2022).

Deficiencias nutricionales

Estas carencias no siempre se notan de inmediato, pero con el tiempo pueden generar fatiga crónica, debilidad, caída del cabello, alteraciones en la piel, e incluso problemas neurológicos. Todo por seguir un plan que “prometía resultados rápidos”.

 

¿Qué pasa cuando a tu cuerpo le faltan nutrientes esenciales?
Falta de hierro

El hierro es clave para transportar oxígeno a través de la sangre. Cuando no consumimos suficiente —algo común en dietas que eliminan carnes o legumbres—, se produce anemia. Esto genera fatiga, debilidad, palidez, dificultad para concentrarse y caída del cabello.

Esta vitamina, presente sobre todo en alimentos de origen animal, es esencial para el sistema nervioso y la formación de glóbulos rojos. Su deficiencia puede causar hormigueo en manos y pies, pérdida de memoria, fatiga crónica y anemia megaloblástica.

 

El calcio no solo es importante para los huesos. También interviene en la contracción muscular y la salud cardiovascular. Dietas que excluyen lácteos o vegetales ricos en calcio pueden provocar osteopenia, osteoporosis, calambres y mayor riesgo de fracturas.

La vitamina D ayuda al cuerpo a absorber calcio y también regula funciones inmunológicas. Su deficiencia se asocia a debilidad muscular, dolor óseo, cansancio y mayor susceptibilidad a infecciones. Es común en dietas muy bajas en grasas o sin exposición solar adecuada.

El magnesio participa en más de 300 reacciones enzimáticas. Si no se consume lo suficiente (por ejemplo, al evitar frutos secos, legumbres y granos enteros), pueden aparecer espasmos musculares, ansiedad, insomnio, fatiga y problemas digestivos.

Al eliminar completamente las grasas de la dieta, también se pierden ácidos grasos esenciales como el omega 3, vital para el cerebro y el corazón. Esto puede provocar problemas de concentración, inflamación crónica, piel seca y alteraciones del estado de ánimo.

Las proteínas son esenciales para mantener la masa muscular, regenerar tejidos y producir hormonas. Dietas muy bajas en proteína pueden causar debilitamiento muscular, sistema inmune debilitado, retención de líquidos y pérdida de cabello.

Exclusión de macronutrientes esenciales

Además, muchas dietas populares demonizan componentes fundamentales de la alimentación como los carbohidratos, las grasas o incluso las frutas.
Pero lo cierto es que todos los macronutrientes cumplen funciones esenciales en el cuerpo: los carbohidratos son fuente principal de energía, las grasas intervienen en procesos hormonales y cerebrales, y las proteínas son clave para los músculos y tejidos.

Eliminar alguno de ellos sin una razón médica y sin supervisión puede generar desequilibrios difíciles de corregir.

Pérdida de peso rápida = efectos secundarios

El cuerpo humano no está diseñado para bajar grandes cantidades de peso en poco tiempo. Cuando esto ocurre, los efectos secundarios no se hacen esperar.
Algunos de los más comunes que veo en consulta son:

Y todo esto ocurre mientras la persona cree que “está haciendo lo correcto”, solo porque ve bajar la aguja de la balanza.

Bajar de peso no debería poner en riesgo tu salud. De hecho, el verdadero objetivo debería ser mejorarla.

¿Y si el problema no fuera la comida sino la estrategia?

Basta de soluciones temporales. Es momento de cambiar tu enfoque.

Entonces, ¿qué sí funciona para bajar de peso?

Después de ver todo lo que no funciona, es natural preguntarse: ¿y ahora qué? ¿Qué opciones tengo si ya he probado de todo?
La buena noticia es que sí existen caminos sostenibles y efectivos. Pero para lograr resultados reales, duraderos y saludables, necesitamos cambiar el enfoque por completo.

Aquí no se trata de contar calorías eternamente ni de eliminar comidas favoritas. Se trata de entender que la obesidad no es un problema de voluntad, sino una condición compleja que necesita abordarse desde múltiples ángulos.

Como bien señalan Joshi y Mohan (2018), “las dietas extremas rara vez funcionan a largo plazo” y el enfoque correcto para tratar la obesidad debe basarse en un programa “lento, constante y sostenido” de alimentación saludable y ejercicio.

La obesidad es multifactorial: necesita un abordaje médico, emocional y conductual

La ciencia nos dice que la obesidad no es solo el resultado de “comer mucho” o “moverse poco”. Hay factores genéticos, metabólicos, hormonales, emocionales y sociales involucrados.
Por eso, tratarla únicamente con una dieta restrictiva es como poner una curita sobre una fractura.

Lo que funciona es un enfoque integral, que combine intervención médica, apoyo psicológico, educación nutricional y cambios en el estilo de vida. Esto incluye trabajar la relación con la comida, aprender a manejar el estrés, incorporar movimiento de forma sostenible y, en muchos casos, sanar heridas emocionales que han estado presentes durante años.

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La cirugía bariátrica como una herramienta médica, no como solución mágica

En los casos de obesidad significativa —especialmente cuando hay comorbilidades como diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño, entre otras—, la cirugía bariátrica puede ser una herramienta poderosa y respaldada por la ciencia.
He tenido el privilegio de acompañar a muchos pacientes en este proceso, y puedo decir con seguridad que, para la persona adecuada y en el momento adecuado, puede marcar un antes y un después en su salud y calidad de vida.

Pero hay algo muy importante que siempre aclaro: la cirugía no es una solución mágica. Es el inicio de un camino, no el final. Funciona cuando va acompañada de un verdadero cambio de hábitos, una reeducación alimentaria y un compromiso con el bienestar a largo plazo, que te brindaremos junto con el equipo multidisciplinario de Global Obesity Group.

El cambio de estilo de vida es el verdadero tratamiento

Ni una dieta de moda ni una cirugía por sí solas van a resolver el problema si no hay un cambio de fondo.
Eso significa empezar a ver la alimentación como una fuente de energía y placer, no como una batalla. Incluir actividad física en la rutina, no como castigo, sino como un acto de autocuidado. Dormir mejor. Reducir el estrés. Rodearse de personas que apoyen tu proceso.

Y lo más importante: hacerlo acompañado por un equipo de profesionales que te escuche, te guíe y te sostenga en cada etapa del camino.

Porque mereces un tratamiento que respete tu cuerpo, tu historia y tus tiempos. Y sí, ese tratamiento existe.

Recomendaciones reales desde mi experiencia como cirujano bariátrico

Después de años acompañando a personas que luchan con su peso —muchas de ellas cansadas de intentar una dieta tras otra sin resultados duraderos— he aprendido que no se trata de comer menos, sino de comer mejor.
No se trata de seguir reglas estrictas, sino de construir una relación saludable con la comida, con el cuerpo y con uno mismo.

Aquí te comparto algunas recomendaciones fundamentales, basadas en lo que realmente funciona en consulta y en la vida real.

Reeducación alimentaria: aprender a comer, no a restringirse

Una alimentación saludable no tiene que ser aburrida, ni mucho menos vivirse con culpa.
La reeducación alimentaria consiste en aprender a escuchar a tu cuerpo, distinguir entre el hambre física y el hambre emocional, y disfrutar de los alimentos desde la consciencia, no desde la prohibición.

Este proceso también implica liberarse del pensamiento de “alimentos buenos o malos” y volver a conectar con el acto de comer como una experiencia que nutre, no que castiga.

Hábitos sostenibles de vida: movimiento, descanso y manejo del estrés

El bienestar no se logra solo con lo que comes. Moverte con regularidad, dormir bien y gestionar el estrés son pilares igual de importantes.
Y cuando digo “moverte”, no hablo de entrenamientos extremos o rutinas que odies. Se trata de encontrar actividades que disfrutes: caminar, bailar, nadar, lo que sea que puedas sostener en el tiempo.

Dormir mal o vivir en estado constante de tensión también impacta en las hormonas que regulan el apetito y el metabolismo. Por eso, el cuerpo necesita cuidado integral, no solo restricción calórica.

Un enfoque realmente personalizado

No existe una única forma de alimentarse o de bajar de peso que sirva para todos. Cada cuerpo es distinto. Cada historia es distinta.
Por eso, los planes deben adaptarse a tu edad, tu estilo de vida, tus horarios, tus gustos, tus condiciones médicas y tus objetivos personales.

Lo que funciona para ti debe construirse contigo, no imponerse desde afuera como una solución genérica.

Acompañamiento profesional y multidisciplinario: no tienes que hacerlo solo

Este camino no se recorre en solitario, y no deberías tener que hacerlo así.
El éxito a largo plazo está en el trabajo en equipo. Como parte del Global Obesity Group, tengo la fortuna de formar parte de un grupo multidisciplinario en el que trabajamos conjuntamente médicos, nutricionistas, psicólogos, entrenadores físicos y otros especialistas. Cada uno aporta su conocimiento para que nuestros pacientes reciban un tratamiento completo, humano y adaptado a sus necesidades reales.

Porque cuando se trata de salud, no hay atajos, pero sí hay acompañamiento. Y eso hace toda la diferencia.

Si las dietas no te funcionan tú no estás fallando. Contáctame

Después de todo lo que hemos visto, creo que queda claro: el problema no eres tú. El problema son las dietas.
Esos planes restrictivos, impersonales y extremos que prometen resultados rápidos están diseñados para ser insostenibles. Y lo peor es que, cuando fallan (porque casi siempre lo hacen), nos hacen sentir que el fracaso es nuestro, generando más culpa y frustración.

Pero hoy quiero que te quedes con algo muy distinto: sí existen caminos saludables, sostenibles y reales para mejorar tu peso y tu salud. Caminos que no se basan en castigos ni sacrificios, sino en conocimiento, acompañamiento y respeto por tu proceso.

Un mensaje de esperanza: sí hay otra forma

He visto a muchísimas personas recuperar su bienestar, mejorar su calidad de vida e incluso transformar su relación con su cuerpo y con la comida.
No fue con una dieta más. Fue con un cambio de enfoque. Con un equipo que las acompañó. Con decisiones tomadas desde la conciencia, no desde la desesperación.

Si sientes que has intentado todo y nada funciona, no te rindas. Tal vez no se trata de hacer más esfuerzo, sino de encontrar el camino correcto y hacerlo acompañado.

¿Estás listo para salir del ciclo de las dietas?

Hola, soy el Dr. Felipe Bernal, cirujano bariátrico. Si estás leyendo esto, es probable que hayas pasado por el desgaste físico y emocional de intentar una y otra vez bajar de peso sin lograr resultados duraderos.

Tal vez ya lo intentaste todo: dietas, productos, planes extremos… y sigues sintiéndote atrapado en un ciclo frustrante.
Quiero decirte algo con claridad: no estás sol@, y no tienes que seguir intentando sin guía ni apoyo profesional.

En mi consulta, realizamos una evaluación integral y personalizada de tu caso. Vemos tu historia médica, tu relación con la comida, tus hábitos y tus metas. Y si corresponde, hablamos juntos sobre opciones como la cirugía bariátrica, no como una salida fácil, sino como una herramienta médica dentro de un enfoque serio, humano y basado en evidencia.

Preguntas Frecuentes sobre la Cirugía Bariátrica

¿Qué es un enfoque multidisciplinario en el tratamiento de la obesidad?

Es un abordaje en el que distintos profesionales de la salud trabajan en equipo para ayudarte a tratar la obesidad de forma integral. Incluye médicos, nutricionistas, psicólogos, fisioterapeutas o entrenadores, y en algunos casos, cirujanos bariátricos. Cada uno aporta desde su especialidad para que tu tratamiento sea completo y personalizado.

La relación con la comida muchas veces está vinculada a emociones, hábitos aprendidos, ansiedad o baja autoestima. Un psicólogo especializado en conducta alimentaria puede ayudarte a identificar estos patrones y trabajar en ellos, para que el cambio sea realmente profundo y sostenible.

El rol del nutricionista va mucho más allá de darte un plan alimentario. Te enseña a comer de forma consciente, a identificar el hambre real del emocional, y a construir una relación más saludable con los alimentos. No se trata de “seguir una dieta”, sino de aprender a nutrirte de verdad.

La cirugía bariátrica es un procedimiento médico que ayuda a personas con obesidad severa a perder peso de manera significativa y sostenida. Está indicada generalmente en personas con un IMC (Índice de Masa Corporal) mayor a 40, o mayor a 35 si hay enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión o apnea del sueño.

No. La cirugía es una herramienta poderosa, pero no es mágica ni automática. Para que funcione a largo plazo, debe ir acompañada de cambios en el estilo de vida, reeducación alimentaria, apoyo emocional y seguimiento médico constante. Es una decisión seria que debe tomarse con información y acompañamiento profesional.

Las más comunes son el bypass gástrico y la gastrectomía en manga (sleeve gástrico). Ambas reducen el tamaño del estómago, pero funcionan de forma distinta. La elección del procedimiento depende del caso de cada paciente y debe evaluarse junto con el cirujano bariátrico.

Sí, es posible si no se mantienen los cambios en los hábitos. Por eso el seguimiento multidisciplinario es tan importante. La cirugía te da una ventaja metabólica y hormonal, pero el mantenimiento del peso depende del estilo de vida a largo plazo.

Porque son difíciles de mantener a largo plazo, generan ansiedad, culpa y muchas veces no respetan la individualidad de cada persona. Además, pueden afectar el metabolismo y provocar el efecto rebote. El enfoque correcto es la reeducación alimentaria, no la restricción.

Es un proceso en el que aprendes a relacionarte con la comida de forma consciente y equilibrada. Incluye identificar tus señales de hambre y saciedad, entender qué alimentos te nutren, y dejar atrás la mentalidad de “prohibido/permitido”. Es clave para que los cambios sean duraderos.

Sí. Cambiar hábitos de forma progresiva —como mejorar la calidad de los alimentos, moverse más, dormir mejor y manejar el estrés— puede tener un impacto mayor que una dieta estricta. Lo importante es que el cambio sea sostenible y adaptado a tu vida.

Referencias bibliogáficas

Si deseas más información te invitamos a dejarnos tus datos de contacto y nos comunicaremos contigo.

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